El House de Chicago y su legado malentendido.

Muchos conocen a Frankie Knuckles, el hombre negro de dos metros con gafas pequeñas y unos brazos que lo hacen parecer cosechando flores cuando mueve las perillas de los decks. El mismo residente de la Warehouse, el templo donde nació la música que después llevaría su nombre, en Chicago. El mismo tipo que confunden regularmente con Carl Cox. Muchos sabrán de Frankie porque en 2014 murió con diabetes, o por esa línea de bajo y esa flauta de The Whistle Song, o el arpeggio eterno de piano de Your Love, como sacado de un tema de Kraftwerk. Otros quizás ni sabrán quién era él, aunque todos los fines de semana vayan a aletear sus brazos al ritmo del House.

 

 

 

 

 

Knuckles, oriundo de Nueva York, llegó a Chicago en 1977 para ser el residente de la nueva discoteca de la ciudad, llamada The Warehouse. En el sitio se daba una mezcla homosexuales y heterosexuales de todas las razas, en torno a una música que partía del mestizaje entre los sintetizadores y el ritmo repetitivo del post punk europeo, y el Disco, el Funk, el Jazz y el Soul, tan arraigados en la música gringa.  

 

Frankie creció en el Bronx, rodeado de la música Soul y, la comunidad negra con todo su sabor y sus tradiciones en relación al Sound System. Su amor por la música lo llevó a los tornamesas y más tarde fue residente de Continental, una discoteca de NYC de la escena disco de los 70. Llegó a Chicago a moldear ese estilo musical que después conquistaría los 80 en Estados unidos y el planeta entero en el cambio de siglo.

 

 

 

 

 

 

Hizo su música por cinco años en The Warehouse, y su desarrollo fue tan ingenioso que llegó a ser pionero en incluir Drum Machines —un sintetizador análogo que funciona como un Looper con muestras de percusiones— en sus mezclas. Y así, con muestras muy pegadizas de coros de Disco y el Pop de la época, un instrumento que le permitía hacer grooves eternos como si tuviera una batería en sus manos y la ayuda de las grabadoras Carrete a Carrete que le permitían controlar mejor el tempo de las canciones alargando las jornadas de baile para los asistentes, fueron la base del House que empezaría a reproducirse en el resto de DJs de Chicago.

 

En el 82 dejó The Warehouse para montar su propio templo, The Power Plant. El dueño del antiguo venue, Robert Williams, después de perder el contrato con la locación de The Warehouse y a su DJ de cabecera, decidió empezar su nuevo sitio: The Music Box.

Necesitaban un DJ que pudiera dar la talla de lo que hacía Frankie para la época. Entonces, un amigo le sugirió a Williams contratar a Ron Hardy, el residente de The Ritz, en Chicago. Un gran virtuoso con los tornamesas que desde el principio de la década ya superponía efectos de sonido de naves espaciales y trenes, usando una técnica muy propia de los Sound System del Caribe: el OverDub.

 

Ron Hardy, gran melómano y Selectah, le gustaba jugar con su audiencia. Saturando los efectos que le permitían sus equipos y poniendo beats extraños para ver cómo reaccionaban. Ron era lo opuesto en contextura a Frankie, un hombre de estatura promedio, de piel trigueña, 60 kg y unas manos larguísimas que lo harían ver como una mantis controlando los decks.

 

 

 

 

 

 

 

Frankie conoció a Ron en julio de 1977, en Den One, la discoteca donde Hardy era residente. Se hicieron grandes amigos. Compartían música y se hablaban clarito, sin misterios. Parchaban en el Den y en el Warehouse, tanto que se decía había una “sororidad” entre los dos clubes. “En la mayor parte, nosotros éramos los únicos dos Djs negros y gay haciendo algún ruido significante en la escena  —contó Knuckles en una entrevista que dió a Jeff ‘Chairman’ Mao en 2011 para RBMA—. Las canciones que les daban fuerza y la misma energía del lugar provenían de un sitio completamente diferente del que yo era. Pero su gusto me potenció y ayudó a moldearme musicalmente”.

 

Se dice que la discoteca era gigante, de unos 9 mil pies (837 metros cuadrados). El Booth estaba elevado sobre una tarima a la que solo se podía acceder por escalera. Maurice Chaytor, el asistente de Frankie Knuckles, comenta en una entrevista para el Dj y periodista del Red Bull Music Academy, Jacob Arnold, que “justo arriba, bajo el Booth, recuerdo que había un bar más pequeño, redondo, y creo que entre tres bartenders lo manejaban. Después estaba, adentrándose en el edificio, otro bar”.

 

Cuenta Chaytor, en esa misma entrevista, que la discoteca “tenía un maravilloso sistema de sonido […] tenía altos, un gran bajo de fondo, y un buen rango mediano —dice, refiriéndose a la ecualización del sistema de sonido y la acústica del lugar— era un espacio fenomenal para el baile, y todo gracias a Ronnie Hardy”.

 

Ron Hardy dejó Our Den (o como se conocería en el 76, Den One) para crecer en The Music Box, en el 82, donde construyó toda su maniera alrededor de lo que sería el House de Chicago. Allí jugaba con las grabadoras carrete a carrete y el overdub de las muestras que él tomaba. Ahí mismo ponía las grabaciones que hacía de cintas que escuchaba en otras partes de Chicago. En ese mismo lugar  construyó, junto a la comunidad Gay Negra de Chicago, el sonido que conquistaría el planeta entero.  Ron murió en 1992, después de tener muchos problemas con el abuso de las drogas y el VIH que amenazaba su salud.

 

 

 

***

 

Podríamos imaginar esos espacios, el Den One, The Warehouse, The Power Plant, The Ritz, todos en medio del caos de lo que para la época era la segunda metrópolis más grande de Estados Unidos, impersonal, solitaria. Ahora imaginemos un solo espacio, como cualquiera de estos, lleno de paz e integración. Soñemos con esos buenos viejos tiempos, cuando “pinchar” discos, era un acto de pedagogía musical, cuando se les enseñaba a personas de cualquier tipo de sexualidad y raza las ventajas de liberarse al baile, cuando esos Djs y su único recurso, la música, intentaban cambiar la mentalidad segregadora y retrógrada generalizada en Estados Unidos, y de muchas estructuras sociales que hasta hoy se conservan.

 

Recordemos temas como “Let No Man Put Asunder” o “Ain’t No Mountain Higher” o “Music Is The Key” o “Love Can’t Turn Around”.

 

Esas estructuras segregadoras se sostienen porque, a pesar de la gestión de estos artistas únicos; el consumismo global empezó a devorar el House. Víctimas de su propia fama, la misión contracultural y la oportunidad de llegar a un público más amplio, el consumo masivo de esta música fue banalizando su misión ética con la sociedad.

 

¿Será que la suerte del House se da porque todo el planeta necesita un grito de liberación? ¿O, más bien, porque ahora asimiliamos libertad con el “qué hay para la cabeza”? Esta música cada vez más tiende a vibrar con energías pesadas y oscuras, las del público que más que liberarse quiere sacarse la semana laboral de la espalda con una borrachera descomunal, o somatizar el parcial perdido del semestre con un buen levante en la discoteca.

 

Y aunque cada vez se complejiza más, y es más diversa la forma de interpretar el House, en esa misma proporción se aleja de su ideal, de su responsabilidad social, de su objetivo original: sanar mediante el baile.

 

La solución y la misión, en el contexto nacional, debería ser buscar más al fondo y agarrarnos de nuestras raíces. No debemos apegarnos a la banalidad del consumismo global. Somos Bogotá: no somos ni Detroit, ni Berlín, ni Londres. Tenemos nuestras propias influencias, nuestros propios sonidos y habrá que explorarlos si queremos sacar la violencia de nuestros corazones y de la pista de baile. Ésta debe ser pura reconciliación, armonía e innovación, siquiera una vez que saquemos la guerra y la competencia de nuestras farras. De esa forma, a lo mejor, el universitario comprenda que su levante es más genuino si no lo acosa y lo/la deja bailar, o el oficinista entienda que la discoteca no es el sitio para ahogar sus penas, sino la oportunidad de aplicar el famosísimo “Agúzate que te están velando”

 

Acá un poco más de Frankie Knuckles, y un ejemplo de lo que están haciendo algunos artistas europeos en relación al “Sanar on the Dancefloor”

 

 

 

y el Boiler Room de David August en Berlin; Liveset con algunos de sus edits de gran contenido político. 

 

https://soundcloud.com/platform/david-august

 

 

 

Bogotá 15 de agosto de 2017.

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Publicaciones Recientes
Please reload

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon
  • Instagram - Círculo Blanco
  • Spotify - círculo blanco
  • Facebook - círculo blanco
  • Twitter - círculo blanco
LA FIESTA SERÁ FEMINISTA