Tenemos que hablar del acoso sexual en las discotecas

 

 

 

 

 

WE NEED TO TALK ABOUT SEXUAL HARASSMENT IN NIGHTCLUBS

Chantelle Fiddy (Mixmag Magazine)

 

 

Es la hora pico en cualquier discoteca de Londres. El sitio está lleno y la música es perfecta. Holly, de 27 años, salió con sus amigos y se está divirtiendo. De repente, siente una mano entre sus piernas. “No tenía a dónde ir, no podía pedir ayuda, como si nadie pudiera escucharme” nos dijo. “Después de que lo empujé lo volvió a intentar y ahí decidí irme. Cuando encontré a mis amigas lo que más me asustó fue saber que muchas habían experimentado algo similar”.

 

Si eres una mujer y sales regularmente esta historia será terriblemente familiar. Parece que por cada DJ set impresionante las mujeres también somos sujeto de ataques por parte de hombres que se sienten con la autoridad de tocarnos y abusarnos. Las historias de guerra los domingos por la mañana son tan generalizadas que eso está afectando nuestra experiencia en la vida nocturna y teniendo un efecto directo en los sitios  y fiestas a las que decidimos asistir

 

¿Es mucho pedir una noche sin miedo?

 

La misoginia y el machismo todavía están arraigados en la vida cotidiana. Sin embargo, como asistentes a fiestas que durante décadas se han proclamado como espacios de libertad e igualdad deberíamos avergonzarnos de los estándares actuales y estar apenadxs de los comportamientos desagradables que estamos pasando por alto. Mientras que la música avanza, las actitudes respecto a las mujeres en las fiestas siguen siendo arcaicas.

 

El año pasado, un estudio de la organización Drinkaware encontró que de 1,198 mujeres encuestadas entre los 18 y los 24 años en Estados Unidos, una tercera parte había sido sujeto de agresiones físicas en noches de fiesta. Solo el 19% estaban sorprendidas de que algo así hubiera pasado. Mientras tanto, una investigación publicada en el 2013 por la Asociación Nacional de Estudiantes (NSU, por sus siglas en inglés) reveló que el 50% de las participantes hablaban de una “cultura del acoso” en sus universidades. Las noches, y en particular las noches de fiesta, son descritas como espacios en los que ésta “cultura” se pone en evidencia, de hecho, varias participantes hicieron énfasis en que los promotores de las fiestas incorporan el machismo y la misoginia en su modelo de negocios. La publicidad sexista de las noches universitarias y las prácticas de iniciación claramente machistas y homofóbicas fueron algunos ejemplos.

 

Esto no quiere decir que el acoso se dé únicamente en las fiestas universitarias. Es algo que atraviesa toda la vida nocturna, de principio a fin; desde las fiestas comerciales hasta las más “underground”. Es común que las mujeres sintamos que esto es algo normal de una noche afuera, existe la idea de que quejarse no servirá de nada, simplemente hay que seguir. En parte por la frecuencia con la que se dan estos comportamientos inaceptables pero también por las formas sutiles en las que puede pasar como Tabitha, quién vive en Londres y tiene 25 años explica:

 

“Es difícil reportar un manoseo indeseado, suele ocurrir cuando un tipo te toca sútil pero deliberadamente mientras pasa por tu lado en una multitud. Es una experiencia horrible pero como pasa tan rápido sientes que no puedes decir nada al respecto. He intentado confrontarlos y actúan como si fuera sin intención. Por eso muchas veces sientes que no vale la pena dañar tu noche reportándolo o peleando con él, especialmente cuando pasa más de una vez y estás ahí para bailar, no para pelear con misóginos idiotas”.

 

Claramente este asunto no solo se da en Londres; Bailey, de 26 años, vive en Los Ángeles y nos cuenta que ha sido sujeto de acoso sexual cada vez que sale a un club sin la compañía de un hombre.

“Por alguna razón los hombres asumen que una mujer bailando sola necesita atención y que la necesita en forma de un manoseo en la espalda o en la cola. Por suerte, la presencia de mis amigas suele disuadir estos comportamientos aunque eso no siempre funciona”.

 

Las cosas tampoco están mejorando en la producción de las fiestas. Trabajé un tiempo como promotora y tengo recuerdos muy dicientes: un cliente, ansioso por hacerme saber sus intenciones conmigo, me empujó contra una pared y me tocó en el proceso. Por suerte, un portero lidió con el tipo y lo sacaron del sitio. También usaron Rohypnol conmigo mientras trabajaba en un club en West End y no fue hasta que concluí que era mejor vestir pantalones en las fiestas que me sentí más segura ¿No tendrían que cambiar de actitud ellos en vez de nosotras?

 

Una década después, como manager de varios eventos, me han pedido que le sirva tragos a Djs que claramente no tienen la fuerza para hacerlo por sí solos y he tenido que lidiar con el ego de un artista que asumió que una de mis tetas era un juguete a la espera de ser tocado ¿Divertido? No realmente, es abuso sexual.

 

Las DJs tampoco escapan de esta situación: Kablam, integrante de Janus y residente en Berlín tuiteó después de su début en Inglaterra: “Anoche fue especial...Gracias Londres… Excepto todos esos tipos manoseando mujeres en el club”. Es vergonzoso que esta sea la impresión de alguien que visita la escena londinense.

 

Una constante entre mis amigas es la falta de ganas de ir a clubes nocturnos por la probabilidad tan alta de ser acosadas por hombres. El acoso es la norma, no estamos hablando de casos aislados.

“Pasamos los 20’s peleando porque los hombres nos cogieran de la cintura para bailar y en nuestros 30’s nos preocupamos porque nos pueden drogar cuando salimos, ¿a dónde fue la diversión?” dice Rhiann, de 36, quien vive en Brighton y es un caso que ejemplifica la situación de muchas mujeres. Ahora opta por tomar MDMA en su casa o en eventos privados como una consecuencia directa de su miedo: no miedo a tomar alguna droga, miedo a estar cerca de hombres que también han consumido.  

 

“En mi experiencia, mientras que los borrachos son más “verbales”, los tipos drogados son otro cuento”, Rhiann, quien es una “clubber” experimentada, agrega. “Pero no podemos convertir a las drogas en una justificación de lo que está pasando”.

 

Bailando, en una noche afuera con nuestrxs amigxs, no deberíamos preocuparnos por el acoso sexual y tampoco deberíamos quedarnos calladas si algo pasa, como lo dice Tabitha: “Creo que las mujeres deben denunciar, no importa qué tan insignificante parezca. Deben reportar lo que pase a los encargados del lugar y no solo quejarse con sus amigas. Muchas nos sorprenderíamos de lo rápido que pueden actuar los encargados y resolver estas situaciones”.

 

Sí, puede ser más fácil decirlo que hacerlo; es común que las mujeres sintamos que no debemos hacer un escándalo. Rachel, de 29 años y de San Francisco, nos dijo: “Nunca lo he denunciado. Supongo que es por haber crecido en una sociedad en la que es “normal” que los hombres acosen y toquen a las mujeres en los clubes nocturnos. Siento que si denuncio voy a recibir una respuesta tipo “los hombres serán hombres y estás en un club”.

 

Pero la creencia de que “los hombres serán hombres” parece sugerir que ellos simplemente no pueden evitarlo, cuando, de hecho, muchos deciden no actuar así. Parece que muchos hombres ven a las mujeres en una fiesta como potenciales conquistas u objetivos en vez de como personas, personas con derechos.

 

 

 

Los hombres también pueden atacar este tipo de situaciones desafiando a sus amigos cuando estos se comporten de forma inaceptable. Pero cuidado, hay que pensar primero antes de meterse en una situación de acoso. Pregúntale a la mujer si quiere tu apoyo y respeta su respuesta; puede preferir lidiar con eso sola. A veces, el simple hecho de que la situación sea notoria basta, el acosador se detiene.

 

Además de eso, sé delicado. “Tratar de tomar el control, (silenciando a la mujer), solo porque eres el único hombre en ese momento refuerza lo generalizada que está la misoginia” dice Tabitha. “Ayudar es una cosa, convertir a tus amigas en damiselas en apuros en lugar de personas que pueden defenderse a sí mismas es muy diferente”.

 

Fuera de la pista de baile se están construyendo y probando diversas iniciativas: en Londres, el Women’s Safety Charter es un esfuerzo para trabajar con lugares certificados para tolerancia cero con los actitudes de acoso sexual e intimidación además de brindar confianza para que las mujeres reporten los incidentes a los administradores y el personal. Ministry Of Sound y The Coronet son algunos de los clubes que se han unido a la iniciativa y apoyan con la formación de su personal para fortalecer la seguridad de las mujeres.

 

Todxs sabemos que es muy difícil para las mujeres ser reconocidas en la escena. Los carteles desproporcionadamente masculinos y los modelos femeninos, mucho menos visibles (productoras, promotoras, administradoras, agentes, etc.),  hacen que la escena electrónica sea un campo desigual desde el principio. Pero, ¿si las mujeres ni siquiera son respetadas en la pista de baile cómo es que todo esto va a cambiar?

 

Muchos hombres tienen que pensar en serio cómo están actuando con las mujeres y, a su vez, nosotras tenemos que entender que ser tocadas o acosadas no es “normal”, es algo que no tenemos que soportar más. Promotorxs, asistentes a las fiestas, Djs y fans deben unirse en contra de los comportamientos machistas e inaceptables. Así que si experimentas acoso o ves a alguien pasándose de la raya encuentra a alguien de personal, responde, haz algo, señala, comparte tus historias y recuerda: please keep your hands to yourself. (por favor guarda tus manos para ti)

 

Así como Holly, Tabitha, Rhiann y Rachel, las protagonistas de este artículo publicado en la revista Mixmag en el contexto de denuncia #MeToo, las mujeres en la escena electrónica colombiana también experimentamos situaciones violentas constantemente. Es más, dado el contexto de la vida nocturna local, me atrevo a afirmar que las situaciones pueden llegar a ser mucho más violentas que las que Fiddy describe y que los productores, DJs y asistentes a los espacios están mucho menos preparados y sensibilizados para abordarlas.

 

La noche del Link Festival en Bogotá fue increíble, Jeff Mills, un ídolo del techno mundial se presentaría por fin en la ciudad y el ambiente era muy agradable, mucha gente de distintas edades y un respeto “extraño” en el ambiente por el hecho de que íbamos a ver a un man al que por algo le dirán “The Wizard”. Todo iba muy bien, estaba con un grupo de amigos muy cercanos con los que siempre me siento segura y en un momento todos nos dimos cuenta de que había una chica muy mal, a punto de caerse y sola. Estuvimos pendientes un rato y un amigo llamó a los de logística para que hicieran algo, un tipo se le acercó, le preguntó si estaba bien o si quería salir y como ella le respondió que no, se fue. Ella no mejoró, volvimos a llamarlos y lo que hicieron esa segunda vez fue ir cuatro tipos a preguntarle lo mismo y a intentar sacarla. De nuevo se negó. Se volvieron a ir y cuando nos dimos cuenta ella estaba saliendo de la multitud sola, no hicimos nada más y yo solo podía pensar: “ojalá le vaya bien, ojalá encuentre a alguien y llegue bien”.

 

Esta situación me pareció problemática por muchas cosas, entre esas, la falta de sensibilidad de los encargados del evento para atender una situación como esta. Probablemente ella había consumido algo, sí, se le había ido la mano pero estaba lo suficientemente lúcida como para responder a nuestras preguntas y a las de ellos y también para negarse rotundamente a salir de la fiesta con cuatro tipos enormes y a quién sabe dónde ¿y si hubieran intentado algo diferente? ¿y si se hubiera acercado una mujer y no ellos?

 

Ese día empecé a tomar la decisión de escribir esto, por esa chica en la que pienso muchas veces y por todas las que sé que han pasado por situaciones similares e incluso peores:

Hace unos meses, en una de las relativamente populares fiestas con “secret location” que están haciendo en Bogotá, tuve que salir corriendo por miedo a que algo muy grave pasara porque un grupo de tipos me “persiguió” durante toda la noche por el lugar, me acechaban a mí y al grupo con el que estaba y tenían el descaro de pasar por el lado diciendo cosas desagradables. Durante un buen rato pensé que estaba loca, que era esa paranoia constante con la que muchas vivimos cuando salimos. Pero no, me empecé a sentir mal, dormida, cansada y fuera de mí misma. Fuí al médico y habían usado escopolamina. No sé qué hubiera pasado donde no hubiera estado atenta a la situación y no quiero averiguarlo. También espero que a ninguna otra mujer le haya pasado nada malo esa noche.

 

El acoso, un problema invisibilizado en múltiples contextos (en particular en la educación superior) también existe en la vida nocturna de Bogotá. A pesar del rápido crecimiento de la escena en los últimos años y de la gran cantidad de espacios que se han abierto para el reconocimiento de talento local, aún carecemos de rutas preventivas y de atención para este tipo de situaciones en las fiestas y/o eventos que tienen lugar en la ciudad.

 

Es importante denunciar, eso es claro, solo así podremos saber la magnitud del problema. Reconozco que escribir esta historia me costó meses de páginas en blanco y miedo a ser juzgada. Sé que es difícil, sé que muchas veces no nos parece importante hablarlo porque ya estamos acostumbradas a vivir la noche y las fiestas con miedo. Sin embargo, en el último mes tuve la oportunidad de conocer y empezar a hacer parte de Pez Alado, un colectivo feminista que nace en Bogotá en el 2017 con el objetivo de estructurar una plataforma para fomentar la fraternidad en la escena electrónica capitalina a través de espacios de construcción colectiva de conocimiento alrededor de la música y el reconocimiento de la diversidad.

 

La escena de música electrónica bogotana ha tenido un crecimiento vertiginoso en los últimos años, vinculando a diversos sectores de la ciudadanía a espacios de recreación en la vida nocturna de la ciudad. Esto ha generado una mayor visibilización de los trabajos musicales locales, sin embargo, se evidencian muchos conflictos en términos de la reproducción de violencias ya existentes en el contexto de la ciudad: de género, raciales y de clase. En este contexto Pez Alado busca ser una plataforma que vincule a los artistas, productores, gestores de la escena y público a evidenciar y solucionar estos conflictos con el fin de formar una escena más consciente y comprometida con las transformaciones culturales equitativas.

 

Acercándome a esta iniciativa, además del trabajo constante de Rosario Sin Bragas con Alerta Violeta en el entorno universitario, me di cuenta de la importancia de ganarle a los miedos, de escribir esto y saber que no está bien y no es mi culpa. Como dice esa canción feminista clásica: LA CALLE Y LA NOCHE TAMBIÉN SON NUESTRAS.

 

 

 

La escena electrónica nacional tiene que ser consciente del problema, atacarlo y consolidar un enfoque feminista para un espacio que ya ha avanzado en muchos otros temas relacionados con la libertad y la tolerancia en la vida nocturna pero que se está quedando atrás en el fortalecimiento de lugares seguros, un público consciente y productores informadxs y sensibilizadxs para prevenir y atender situaciones violentas dentro y fuera de las fiestas. Esto se logra con las denuncias y la visibilización que todes podemos hacer de los casos que hemos experimentado y/o visto pero también con la formación de los gestores de los eventos y el fortalecimiento de una escena local mucho más consciente de la importancia de la participación activa de las mujeres.

 

 

Notas:

  1. La traducción del artículo de Mixmag fue libre. Cambié varias palabras y el sentido de algunos párrafos con el fin de volverlo más ameno para leer en nuestro contexto. 

  2. Las ilustraciones que están en el texto son de Ambivalently Yours, ilustradora feminista que empezó su trabajo en el 2011. El poster de la calle y la noche hace parte de una campaña de feministas españolas por recuperar los espacios nocturnos. 

  3. Y un regalo final, para nosotras y para el mundo. DISCWOMAN, un colectivo, plataforma y agencia que muestra y representa el talento en la música electrónica desde Nueva York. Empezó como un festival de dos días en Septiembre de 2014 y ha producido y hecho curaduría de eventos en 15 ciudades de Estados Unidos trabajando con más de 200 Djs y productorxs. Estas viejas son increíbles y me han motivado mucho a sentir las fiestas como un lugar de resistencia y, lo más importante, un espacio potencialmente feminista y nuestro. Les invito a conocerlas y compartir su trabajo. 

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LA FIESTA SERÁ FEMINISTA