Radar Feminista: Octo Octa en Video Club

 

El ejercicio del Radar es una apuesta de Pez Alado para que nosotras, las asistentes regulares a los eventos, tengamos la palabra. Contar nuestras experiencias en conjunto nos permitirá comprender mejor los problemas de la escena colombiana y también construir espacios de resistencia ¡la fiesta es nuestra!

 

Todas las historias son bienvenidas, nos pueden escribir a colectivopezalado@gmail.com

 

En esta entrada vamos a contarles dos experiencias de integrantes de nuestro colectivo sobre la misma fiesta, todxs vivimos estos espacios de formas diferentes y es importante comprender por qué y también reconocer que las narrativas están directamente relacionadas con el género y otras categorías que determinan nuestra experiencia como ravers.

 

 

“Fuck you, i love my body, my body is powerful”

 

Me enteré de esta fiesta por casualidad, unos amigos estaban dentro de los artistas que se presentarían la noche del sábado en Video Club y me rotaron el flyer del evento. ¡Octo Octa en Bogotá! Además, el cartel estaba lleno de talento local y la participación de House of Tupamaras, un colectivo de puro mariconeo y resistencia. Para mí era importantísimo ir. Aunque cada vez son más las fiestas con una representación femenina o diversa en los carteles, en comparación con las que solo tienen hombres (blancos) no son muchas.

 

Llegué y de una me sentí muy bien. Video Club es un sitio amable con el público, abierto y ese día, antes de las 8, la entrada era gratis. Ya, comprobado, los espacios de fiesta que son mucho más diversos que los tradicionales me hacen sentir más segura y tranquila, con la certeza de que nuestras agendas tienen algún sentido. Esta fiesta tenía una apuesta interesante y logró sentirse en el ambiente durante toda la noche, no fue un espacio exclusivo de machos que salen a bailar, pude sentirlo.

 

Video Club es uno de los bares con más trayectoria en la vida nocturna bogotana de los últimos años. Me gustan los baños mixtos por ser una apuesta que directamente confronta a los que asisten a sus eventos. No me parece perfecta porque aún hay muchos líos para que esto sea comprendido como un disrupción y no como una oportunidad para violentar a las mujeres más fácilmente, pero tal y como viví el ambiente en la fiesta de Octo Octa me gustaron muchísimo porque había un flujo constante de gente y pude parchar con mis amigos mientras hacíamos fila más tranquilamente.

 

El espacio para bailar es abierto y el sonido, de los mejores. Me gustó mucho el trato de los de logística en la entrada, cuando les pregunté por un letrero que hay antes de la taquilla en el que dice que frente a cualquier situación los asistentes se pueden comunicar con cualquier trabajador, me dijeron de una que si había tenido algún problema, estuvieron pendientes del proyecto aunque no podían hablar mucho sobre la política del bar con respecto a estas cosas.

 

Otra cosa que no se me puede pasar es la visibilización del talento local, desde Frenzy Agreement (integrantes del colectivo local Vultur Gryphus) y House of Tupamaras hasta Surfer Rosa, con su trayectoria en Asilo. La presentación de Octo Octa fue impecable, el house bien puesto nos regala fiestas muy tranquilas y felices.

 

Esa fiesta me hizo pensar en cómo se está construyendo la escena local y la forma que tenemos como público de relacionarnos con estos espacios. Apoyemos más los circuitos locales, dejemos de pensar que un dj es bueno solo si tiene podcast en Resident Advisor o es hombre/blanco/gringo, las trayectorias poderosas de la electrónica no solo vienen de los lugares comunes en los que siempre se piensa como Alemania, Inglaterra o Estados Unidos. Obvio hay influencias y contextos históricos de estos países que los hacen bien importantes para el desarrollo de la escena electrónica mundial, sin embargo, siento que como debe pasar en muchos otros géneros y eventos, esto se ha convertido más en un una barrera para la construcción de escenas locales que en una apreciación crítica de lxs artistas y sus influencias.

 

El título de este radar es un tuit que Octo Octa puso el día después de la fiesta y en el que pensé un montón: la representación importa, que haya espacios seguros para las mujeres cisgénero, trans, lxs maricas y las expresiones de identidades y orientaciones diversas es apenas un primer paso pero no es algo menor. Amar nuestros cuerpos a través de la fiesta es algo muy bonito, que a muchas nos ha acercado a esto y nos da ganas de trabajar por convertirlo más en ese espacio de “liberación” y fuerza que en reproducciones constantes de las violencias machistas que nos joden todos los días.

 

 

 

La fiesta diversa en la ciudad diversa

 

Conocí el evento en redes por la gran ilustración que hizo Lunate: unas letras grandes verdes con nombre de Octo Octa. No lo podía creer, una de las personas que más admiro en el mundo del house, una muestra de tenacidad, amor por la música y rigor, una maestra del house en todas sus formas estará ahora en mi ciudad. Para muchxs de quienes estábamos ese día, ella es principal referente, influencia y heroína del sonido independiente bogotano. Era el combo perfecto, en Video Club, de la mano de House of Tupamaras, con dos de las grandes promesas locales muy cercanas a este parche que se ha hecho su camino en medio de una ciudad que cada 8 días suena a los exponentes más grandes de la música electrónica mundial. Este booking me hizo pensar en Bogotá, sus sonido y el referente que es la ciudad a una escala global.

 

Reuní a las personas que se animaron a acompañarme y armamos la fiesta. Llegué al sitio, en todo el corazón de la ciudad diversa, a eso de las 10:30 de la noche. Ya Frenzy Agreement estaba montado en el booth. Entramos al sitio, que para la hora tenía muy buen aforo, la estrategia de promoción funcionó muy bien. Hace un tiempo, VideoClub viene manejando tarifas más baratas para las personas que lleguen temprano a la discoteca. La fiesta desde temprano es una estrategia muy precisa para el momento extraño que vive la escena electrónica capitalina: un público que demanda muy buena calidad y más horas de vida nocturna, bookings que bombardean cada rincón de la capital con sonidos electrónicos de todo el planeta, y, por otro lado, políticas gubernamentales que cada vez tienden más a la prohibición.

 

Surfer Rosa subió al booth y nos dió una gran clase del sonido atravesado, un set que no intentaba calentar motores llevando la misma corriente musical que imaginamos Octo Octa iba a suplir y, en vez de eso, nos deleitó con algo de breakbeat y modular house a lo cual la gente del lugar reaccionó muy bien. Para el momento el lugar ya estaba lleno y las caras  diversas abundaban; todos los colores de piel, los pelos, las identidades. Se respiraba erotismo en todos lados, las pintas cada vez más extrañas y una tensión entre fraternidad, exotismo y libertad reinaba en el sitio. Respiré hondo con la tranquilidad de estar en mi salsa. Mi barrio, Chapinero, me mostraba una vez más la calidez de su gente y sus territorios.  

 

Llegó la gran invitada de la noche, Octo Octa, gigante diosa, con su estilo tan particular de bailar meneando su cabello y su capul por todo el booth. Yo no podía parar de bailar y sonreír, tema tras tema nos dió una clase de house en todas sus facetas, una gran muestra de la gran selectora que es y del buen ambiente que se pudo sostener en la pista de baile. La noche apenas comenzaba pues abajo estaban Las Tupamaras, gran referente de Pez Alado, quienes prendieron una fiesta que proponía sonidos más oscuros, ritmos más elevados y transgresiones más intensas a la hora de mezclar, es el sonido queer bogotano que estxs muchachxs tienen mucho más que interiorizado. Éste fue el toque perfecto para una gran noche.

 

 

 

 

Apuntes sobre el lugar

 

 

Siempre he admirado la arquitectura de Video Club que no sólo es de gran poder estético, sino de muy buenas condiciones acústicas y un gran sistema de sonido, aunque por momentos se podría sentir demasiado el sonido retumbando en los oídos y no permitía escuchar con claridad. Algo nada sano para el público. Las hermosas bóvedas de ladrillo y la marquesina  de vidrio que está de frente al booth, hacen que el sonido sea un cuento de mucho poder y de cierta precisión a la hora de la puesta en escena.

 

Sin embargo, este espacio es de la mejor arquitectura de discotecas del país. Las circulaciones alternas a los baños ahorran mucho tiempo de estrujadera y mal ambiente, el provecho que se le sacó a la estructura abandonada sobre la que se emplaza el edificio, las estructuras de acero en negro que adornan como un esqueleto el primer piso, las instalaciones de led (que permiten la iluminación perfecta entre tener la suficiente confianza de moverse y no sentirse insegurx en el espacio, y la intimidad que permite desinhibirse en la pista de baile. Los baños mixtos, que son fieles a derrotar estructuras de género muy establecidas en la ciudad, el patio con la estructura del edificio y la doble altura de la marquesina que permiten un espacio donde se puede conversar, descansar, fumar o, simplemente, tomar aire sin alejarse del ambiente principal de la discoteca (espacios que son fundamentales para la salud de lxs espectadores y que la ciudad pide a gritos).

 

La disposición del booth no es lineal rematando la pista de baile, sino que es lateral, es una propuesta arquitectónica que indica que a él/la DJ no es el centro visual del evento. Esta distribución invita a la gente a bailar más que a mirar a el/la DJ mezclar toda la noche, y en esencia hace de la discoteca un lugar más democrático. Se refuerza el concepto de la distribución espacial con una propuesta audiovisual que no se centra en pantallas led y VJing sino en luces simétricas y un gran control de DMX. Las discotecas locales se han encargado de poner al público a mirar a el/la DJ como cierta figura de superioridad, más que de bailar; booths que rematan la pista de baile, que están elevados del suelo, que dejan espacio para zonas VIP, que proponen grandes superficies de video detrás de lxs artistas, que jerarquizan la pista de baile y que endiosan a lxs DJs. Estamos cansadxs de esa arquitectura (más que booths, parecen pedestales). Todos estos aciertos espaciales de Video Club, proveen un espacio que en pocas palabras, lo hace una gran discoteca.

 

La seguridad del sitio estuvo muy atenta y el trato fue muy amigable. En algún momento ví a las señoras que hacen el aseo en el lugar salir con una muchacha en hombros; punto para la organización, pues fueron mujeres quienes la sacaron del sitio, que estaba repleto, y no fueron unos manes de dos metros. La pelada después se compuso con la ayuda de la gente de staff.

 

La oferta de la barra es otro gran golazo de la discoteca: el agua con electrolitos es un gran aliado de la fiesta electrónica previniendo deshidratación que el agua sola no es capaz de suplir. Además, hay muy buenos precios para estas aguas. Las barras funcionan con muy buen servicio y, otra vez, la arquitectura le atina, pues provee alternativas para que no haya que hacer grandes desplazamientos dentro de la discoteca, acciones que con mucha gente se convierten en un martirio.

 

La fiesta iba muy bien, hasta que de la nada se prendieron las luces y había que irse, fue un golpe inesperado pues creía entender que la fiesta era hasta las 5:00 a.m. cuando apenas eran las 2:45. Es claro que este tipo de decisiones no son tomadas por la misma discoteca sino que son órdenes del gobierno de turno que habrá que acatar. Sin embargo, es una pena que estos espacios se vean reducidos a tener una vida nocturna tan zanahoria. Bogotá está en la mira del planeta entero por su escena y cada vez más gente quiere mejores fiestas y conoce más del tema. Es una escena que aún no se industrializa, que aún es muy adolescente (por más que lleve 30 años de vida), pero que se está educando cada vez más en resignificar estos momentos de fiesta en espacios seguros y fraternos. Es una pena que el mundo entero quiera hacer de la ciudad un catalizador de la música electrónica mundial y las políticas de su gobierno hagan que estos lugares cada vez se vean más apretados para hacer fiestas sostenibles. Bogotá pide una vida nocturna mucho más extensa, digna de la idea que el planeta entero tiene de ella.

 

Estos espacios, por cortos que tiendan a ser en su legalidad, son la muestra de lo significativo y terapéutico que es esta música para quienes la escuchan, el protagonismo de nuevos talentos locales, parches de amigxs que se reúnen alrededor de la música y el público que cada vez más entiende que estas vainas son para sanar y para sentirse bien. La libertad de sentirse segurx en estos espacios garantiza grandes fiestas y ahí Video Club tiene la idea clara.

 

 

***

 

 

Quisiéramos terminar invitándoles a escuchar a algunos de los encargados de esa noche y con la frase que repetiremos hasta hacerla realidad ¡la noche y la fiesta también son nuestras!

 

 

Surfer Rosa:  https://soundcloud.com/flushmusicbogota/flushcast-31-mixed-by-surfer-rosa

 

 

Frenzy Agreement: https://soundcloud.com/frenzyagreement/hsnbrg17

 

 

 

 

 

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LA FIESTA SERÁ FEMINISTA