Radar Feminista: Cøsmos Contagio Sonoro

El ejercicio del Radar es una apuesta de Pez Alado para que nosotras, las asistentes regulares a los eventos, tengamos la palabra. Contar nuestras experiencias en conjunto nos permitirá comprender mejor los problemas de la escena colombiana y también construir espacios de resistencia ¡la fiesta es nuestra!

 

Todas las historias son bienvenidas, nos pueden escribir a colectivopezalado@gmail.com 

 

 

No voy a negar que casi vendo mi boleta cuando leí en Facebook: “CØSMOS CONTAGIO SONORO viaja hacia Bogotá”. ¿Cómo así? A mí me habían prometido el festival de música electrónica más distópico de Colombia. El propio Diego Dueñas, de Trazendenz, habría recalcado en una entrevista en Raversmag la importancia de la locación para el sentido del festival y la experiencia que viviríamos las ravers, tanto como el cartel mismo. Con el ánimo por el piso, pero sin querer tomar una decisión apresurada, y de la que hoy sé que me hubiera arrepentido, pospuse la venta de mi boleta. La principal razón: ¡Qué cartelazo! ¿Cómo me voy a perder esta fiesta?

 

Esperaba que con el paso de los días la sensación de desasosiego pasara y que a medida que se acercaba el día anhelado estaría invadida por la euforia habitual pre festival, pero tampoco fue así. Sumado a esto, faltaban tan solo 15 días para el festival y todavía no sabíamos en qué potrero del norte iban a realizarlo. Por fin anuncian que la locación para este rave sería la Plaza Marruecos, un centro de eventos en la Vía a Subachoque. Ya quiero que llegue el día del festival.

 

El primer escenario, una plaza de toros vacía. De forma circular, como un pequeño coliseo con graderías que bordean el escenario, envolvente a modo de un panóptico, y con el suelo del ruedo desigual, compacto de tierra batida. En efecto, mientras las ravers bailábamos imparables, los policías vigilaban desde lo más alto de las graderías. Sin intervenir, sin interrumpir, simplemente admirando, sin poder entender por completo, todo aquello que vivíamos quienes habíamos ido a disfrutar de la música. La “enigmática pista de baile”, aunque inusual y visualmente atractiva, tal vez hubiera podido funcionar mejor con el suelo recubierto para facilitar el baile. Más de una tenía las rodillas desbaratadas de los golpetones al suelo que parecía absorber esa energía como si nada o devolverla directo hacia nuestras piernas, golpeándola de vuelta. Afortunadamente, también era lo suficientemente amplia para bailar, cada una con su espacio personal, sin tener que andar apretujadas o intranquilas. Como sugerencia, bajarle un poco a las luces: a toda hora parecían las 7:00 de la mañana.

 

 

El segundo escenario, más pequeño que el anterior, era una especie de sótano, unas estructuras abandonadas que simulaban el feel de aquellas bodegas techneras. Contrastando con el aspecto descubierto de la plaza de toros, este escenario era casi totalmente cerrado, con poca ventilación y oscuro. El ambiente ideal para sollarnos la música de Kevin Saunderson. Si la plaza de toros pecaba por su ambiente tan abierto e iluminado, el sótano funcionaba como un baúl de humo. Eran escenarios opuestos, pero eso no necesariamente los hace complementarios. Ahora, no hay escenario perfecto, y sin embargo estos se acercaron bastante.

 

En términos audiovisuales: impecables. Hubiera querido que aprovecharan mejor las pantallas, especialmente las de la plaza, proyectando visuales más compenetrados con las producciones de cada artista, en vez de repetir el mismo set de imágenes toda la noche. Por un lado, qué pantallas tan impresionantes. Por el otro, las imágenes de calaveras me desconcertaron, las de la mujer “sexy” me decepcionaron. Es hora de subirle la apuesta a estos eventos y lograr una producción 10/10 en todos los aspectos.

 

 

En términos generales, el festival funcionó como relojito. Todas las presentaciones a tiempo, ningún artista canceló y los sets lograron envolver a los asistentes. Los ravers estuvieron comprometidos con la música y se la bailaron todita. El ingreso y la salida estuvieron tranquilos, aunque salimos 15 minutos antes por si acaso. Los baños no eran portátiles, sino aquellos que hacen parte de las instalaciones de la plaza de toros. No saben mi felicidad cuando vi baños de verdad, perfectamente iluminados, con personal femenino que cuidaba adentro y repartía papel higiénico. Encima de todo, nunca estuvieron completamente atiborrados ni estaban demasiado lejos de los escenarios. Si bien no hubo personal de seguridad femenino, aparte de las mujeres policías, las chicas de la barra estaban muy atentas ante cualquier situación y fueron efectivas solucionando cualquier incidente durante la fiesta, que tampoco fueron muchos ni opacaron el buen ambiente que había. No nos tocó ver peleas con la Policía, ni peleas entre asistentes, ni escenas violentas, ni gente maluqueada. Esto ayudó a que hubiera un ambiente tranquilo y donde pudimos estar enfocados en la fiesta y la música. Sin embargo, no vimos puestos de salud, que tal vez habrían podido ser o fueron necesarios. También nos hizo falta ver un Échele Cabeza, mejores stands de comida y en un momento se quedaron sin agua. Todas estas cuestiones ayudan, aunque parezcan triviales, a construir espacios seguros de disfrute. No dejemos las cosas a la suerte: que estas farras sean espacios fraternos es un ejercicio de constante apoyo y trabajo, al que le hace falta mayor esfuerzo para ser incluyentes y liberadores. Sería lindo vernos a todos, asistentes y producción, dedicados a construir así la farra.

 

Reconozco que debió haber sido todo un reto para los organizadores encontrar una alternativa a ese escenario mágico que nos habían prometido, cuando la locación inicial era Villa de Leyva, en tan poco tiempo y, de todas formas, habernos cumplido a las ravers. De hecho, y a pesar de los comentarios menos favorecedores sobre los escenarios, fueron lo suficientemente intrigantes visualmente para capturar a las asistentes y volvernos cómplices de estas nuevas formas de producción de eventos en la escena electrónica nacional. Hay todo un potencial detrás de este festival y fue una de las mejores fiestas del año. Ojalá este enfoque, que pretende retar a las producciones tradicionales, pueda ser un espacio donde incluyamos cada vez más, no solo talento colombiano, sino talento de mujeres y talento diverso, que sabemos que están ahí, con trayectorias impresionantes y grandes producciones. En este evento, solo contamos con una dj mujer en un acto en solitario, Aleja Sánchez, que estuvo a la altura para cerrar el festival, más el show de Bimol, donde participa Donna Lace en conjunto con Theo Jah León. Esta fue la “cuota” femenina del festival. También, aprovechemos la oportunidad para que los espacios sean más incluyentes para los ravers, más diversos y más seguros.

 

Estoy emocionada por saber qué será del próximo Cosmos, oficialmente quedé contagiada.

 

 

Bogotá, 5 de septiembre de 2018

 

 

 

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LA FIESTA SERÁ FEMINISTA