La fiesta es un ritual, la música es el mensaje: una conversación con Samantha Millows (Stay At Home)

 

 

 

Hace unos días estuvimos hablando con Samantha Millows aka Stay At Home, integrante de Airplane Mode, sobre su trayectoria con la música y la idea de esta fiesta que se hizo el pasado 8 de junio en la Fábrica de Chocolates Andino en el centro de Bogotá. Pez Alado estuvo presente y también les contaremos un poco sobre nuestra experiencia de esa noche. Todas las imágenes son diseños de Samantha, las fotos son del Gato (fotógrafo e integrante de Airplane Mode). 

 

PA: Nos estabas contando que empezaste a tocar en el 2013, nos interesa mucho ese inicio de la trayectoria… 

 

SM: Yo no empecé siendo DJ, yo empecé produciendo música. Desde que salí del colegio he sentido mucha curiosidad por la música y una amiga mía, Tatiana (Rabbeat), también estaba haciendo cosas muy homemade, eso me inspiró a hacerlo también. Usaba programas muy básicos de producción, pero podía pasar horas en ellos. La música electrónica siempre ha estado ahí: el electro, ambient, IDM, indie, rock, rap, trip hop, bueno, en verdad me gustan muchos tipos de música. Cuando empecé la universidad dejé de experimentar con la producción y me gustaba mezclar, pero no tenía equipos para hacerlo en casa, entonces mi novio de esa época (que también era Dj) quería vender los suyos y cuadramos unas cuentas pendientes para yo quedarme con las tornas, el mixer y el Traktor. Seguí coleccionando más música y comencé a comprar discos. Con los equipos en tu casa puedes desarrollar más tus habilidades de DJ, te metes más en el cuento y mis amigos que desde hace varios años también promueven la movida electrónica local, me invitaban a tocar a sus fiestas: We Love Bogotá, Lay Down The Groove, un sello que ahora está basado en Australia y ya van a prensar su cuarto disco y Techsound que también me invitó a algunas de sus fiestas y participé en uno de los "Clandestino". Esto ha sido una gran motivación para mi porque a la final tu primer apoyo es tu círculo de amigos y amigas. Ellos también te ayudan a construir tu trayectoria. Después hice una fiesta de Techno con Lissa, invitamos a Aleja Sánchez y fue muy top.

 

PA: ¿Y tuviste influencias musicales de mujeres o te gustaría mencionar algunas ahora? 

 

SM: Mis influencias musicales son masculinas, pero quiero resaltar que el trabajo y la dedicación de las mujeres, le han dado otra vuelta a la escena electrónica nacional. Por mencionar algunas, Julianna lleva varios años consolidando una comunidad en torno al arte y a la música más allá de la fiesta; Magdalena, su sello y sus proyectos alternativos son muy inspiradores; Lady Zunga disruptiva y perseverante; Lina de Rubber Mind, un colectivo que ha creado una comunidad que cree en la propuesta musical y que sin importar el número de asistentes a sus fiestas o la crítica destructiva, hacen su propia fiesta y lleva su concepto más allá de esta. Creo que muchos soñamos con el escenario en el que la gente se interese más por la música y por eso es importante llevar la fiesta a contextos culturales pues allí convergen otros temas que influyen en nuestra cotidianidad, pero eso es un trabajo de años y de todos los que hacemos parte de esto.

 

Eso es algo que también estamos tratando de hacer porque al final la fiesta se vuelve un tema muy superfluo. Pero pues también es porque todos necesitamos la fiesta y llega el fin de semana y la gente quiere salir, quiere bailar, pero muchas de las propuestas que hay no ofrecen nada o terminan ofreciendo lo mismo de siempre y es una de las razones por las que yo no salgo, por ejemplo. Yo solo salgo si hay una fiesta buena. 

 

 

 

PA: ¿Y qué es una fiesta buena? 

 

SM: Buena música y buen sonido. Aunque me parecen muy chéveres las propuestas audiovisuales en las fiestas, las instalaciones, el arte o los performance, buen sonido y buena música es todo lo que yo necesito. Y buen ambiente, que al final termina siendo la misma gente que va a esas fiestas en las que hay buena música y buen sonido. Eso es una buena fiesta para mi. Y si está buena, que vaya largo. Cuando está mala todos bailan por inercia, todos se ponen re locos a ver si mejora, pero todo empeora, ya te empieza a joder la vida el frito de la fiesta y se pone denso el ambiente. Y es que la fiesta también la hacemos los asistentes, yo no digo que esté mal no saber quién está tocando o no saber qué estás escuchando … También son los DJs quienes le muestran la música a la gente. Pero hay quienes solo viven de fiesta en fiesta, todos los fines de semana por bajito, y la fiesta se vuelve un ritual tan vacío y aburrido como sus vidas. Sin ofender, es un lugar para hacer catarsis, pero también hay muchas energías y todos queremos bailar en donde haya buenas vibras.

 

PA: Desde Pez Alado tenemos también una idea de que queremos crear. Que la fiesta sea, por un lado, un espacio seguro para los asistentes, pero también promover estas ideas de inclusión y de que no sea un espacio excluyente, ¿qué posición tienes sobre esas ideas? 

 

SM: Yo creo que todo el mundo tiene derecho a bailar. Por más diferentes que seamos, si te gusta la misma música que a mí y quieres bailarla al lado mío, pues qué chimba que la música pueda unir a la gente de esa forma, desde que no me estés jodiendo la vida sin razón. Todos tenemos derecho a amar la música. Lo que les decía, tengo un rango musical muy amplio, y aunque ya no salgo mucho, he estado en muchos tipos de fiesta: drum n’ bass, electro, hardcore, house, techno, rap, industrial… Y en todas descubro parches distintos que conviven en un solo lugar en armonía y paz. De hecho me acuerdo cuando iba a las fiestas de drum n' bass en Parking Club, por ahí por Chapinero, llegaban a las 3 de la mañana mujeres trans a bailar ahí y a mí eso me parecía brutal. Que yo siendo una universitaria sin conocimiento o acceso a esas interacciones, estuviera compartiendo la misma escena de baile con una persona que jamás me encontraría en mi día a día, eso crea otro tipo de conexiones, se borran los tabúes, los prejuicios… se abre la mente.

 

PA: ¿Y con Airplane Mode cuál es la idea? ¿Es un parche, un colectivo? 

 

SM: Airplane Mode es una propuesta para que la fiesta sea un lugar íntimo en el que lo único que importa es la experiencia y la música. Porque se ha perdido mucho la fiesta como un ritual.  

Y es que la fiesta es un ritual ancestral muy relevante en la vida. Es un momento trascendental aunque muchos no lo vean así. Entonces hay que darle esa importancia a la fiesta. Que sea un lugar al que puedas ir tranquilamente, que te prepares mentalmente para estar toda la noche bailando con un buen sonido y con un ambiente ameno en el que sabes que nadie te va a molestar, en el que sabes que si de pronto te emborrachaste o te maluqueaste (porque igual pasa) no te van a tratar mal o te van a sacar del lugar, sino que te van a brindar ayuda.

 

PA: ¿Y cómo han pensado lograr eso? ¿Qué estrategias tienen en mente? 

 

SM: Creo que un ambiente ideal en una fiesta comienza por las personas que la están haciendo. Y no me refiero solo a quienes tienen la idea de hacer la fiesta como tal, sino la gente que hace parte del equipo de trabajo y que hace parte de la organización de la fiesta: la logística o los bar tenders. No es gente que si te ven jodiendo te van a sacar, no te van a tratar mal, no te van a insultar. Hay un espacio de respeto. Incluso pasó en la última fiesta de Apartamento: llegó una persona que estaba muy borracha y estaba molestando un montón, se maluqueó y entre todos ayudamos a que esta persona se sintiera bien, darle agua, que se recostara, etc. Pero es todo un equipo de trabajo. Qué chimba que esas personas también estén en la misma tónica que quienes están organizando la fiesta desde el concepto. Al final de eso se trata, de hacer una fiesta a la que iríamos. Que se pueda pagar un buen lugar, un buen sonido y buenos artistas, pero que también sea amable con el bolsillo de los asistentes. Lo digo porque soy DJ, pero también soy independiente y tengo un punto de vista como asistente. 

 

PA: Eso es importante porque también genera un público, ¿no? 

 

SM: Exacto

 

PA: Es que es importante pensar en eso. No todo el mundo puede pagar una fiesta de 100 mil pesos. Pensarlo en términos de accesibilidad. 

 

SM: Total, esto ayuda a crear una comunidad y eso es lo que nosotros queremos. 

 

 

Días después de nuestra conversación con Samantha asistimos a la fiesta de la que hablamos con ella. Nuestra experiencia fue muy buena y acá les agregamos algunos comentarios para que no se pierdan la próxima versión de Modo Avión. 

 

L: Llegamos temprano, con ganas de ver el espacio antes de que se llenara y recorrerlo con calma. El olor a chocolate en la entrada era sutil, diría que encantador. De una vez me hizo sentirme cómoda con el espacio, como cercana. 

Entrar a la pista de baile sí era como estar entrando a la cabina de un avión. Era un espacio largo con luces verticales a los lados y un sonido increíble. 

El público de la fiesta: maravilloso. Realmente lo sentí cercano. Dos amigas “solas” perfectamente tranquilas y felices bailando durante más de 8 horas. 

 

T: Apenas entré me sentí muy cómoda y en casa. Miré desde afuera el lugar, una vieja fábrica de chocolates, y me recordó raves en bodegas, pero el ambiente era muy distinto. Desde que nos recibieron las boletas, hubo un sentido de amabilidad que me hizo sentir tranquila y bienvenida. Inspeccionamos un rato el espacio y nos dejamos invadir por el olor a chocolate que se volvía más intenso al entrar al área de la fiesta. Había una sala de estar con unos puffs al lado de la barra, donde de inmediato noté que tenían ginebra y me pedí un gin tonic. Ya estaba feliz y en sintonía. En ese espacio, uno se podía recostar y pasar el rato, fumarse un cigarrillo, y aún así escuchar la música que provenía de la pista de baile. Incluso tenían un puestecito de café, que se me hizo una idea muy linda para combatir el frío de la fábrica o para recargar pilas en la madrugada. Estuvimos ahí un rato hasta que entramos en todo el ánimo de bailar.

 

Desde el momento en que entrabas a la pista de baile, te sentías verdaderamente separado del espacio de la barra y lounge, inmerso en el sonido total que te daba ganas de estar de fiesta. La pista de baile vertical, con una fila de luces de neón a sus lados, parecía la pista desde donde salen los aviones para despegar, así que despegamos y bailamos más de 8 horas. El lugar era visualmente encantador.

 

 

 

A pesar de ver tantas caras conocidas, daba la sensación de que cualquiera podría estar ahí, igual de cómodxs, igual de bienvenidxs. A donde mirara, había gente feliz bailando. Me pareció que, como nos contó Samantha, era un lugar que se preocupaba por la experiencia de quienes íbamos a bailar y tenía en cuenta, desde su diseño y concepto, cómo podríamos construir entre todos un espacio de buena música y baile. Hacía mucho tiempo yo no iba a una fiesta y me sentía despreocupada y tranquila. Bailé toda la noche en compañía de otra mujer y en ningún momento nos sentimos acosadas, perseguidas o nerviosas. Al contrario, sentí que fue un espacio lindo y cómodo para que pudiéramos bailar felices dos mujeres “solas”. No solo la pista de baile funcionaba muy bien, sino que el hecho de tener otro espacio, nos permitió adueñarnos del lugar y de la forma en que queríamos ir viviendo la fiesta.

 

Si en algún momento me sentía cansada o quería sentarme, la alternativa de los puff nos permitía tomar la decisión de ir a acostarnos o sentarnos a hablar y reír, sin que eso se sintiera como una interrupción de la fiesta. Lo que más me gustó de Modo Avión es que me permitió sentir tranquila y feliz, pero también en control. No sentía que el espacio me aprisionaba y constreñía, como he sentido en otras fiestas, sino que me permitía cierta sensación de libertad, de hacer lo que sintiera mejor para mí. Tal vez no se trataba tanto de desconectarme del mundo, de entrar en el modo avión, sino de poder pilotear mi propio rumbo en la fiesta. 

 

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