Sumérgete en el analversario de BULTO, una fiesta segura y fetichista que libera a Bogotá

 

 

 

Mauricio Atencia

EL NACIMIENTO DE BULTO

 

La primera vez que me entere de BULTO, fue por allá a finales de octubre del 2018. En ese entonces y por medio de un comunicado de prensa, el plan era publicar una noticia informándole a la gente de Latinoamérica sobre el primer colectivo queer de cultura club de la capital colombiana, pero la propuesta era tan arriesgada, diferente y segura para la capital, que merecía realizar una entrevista para publicar en DJ Mag Latinoamérica (leer entrevista).

 

“Queremos enfocarnos en locaciones fuera de lo normal que tengan una carga sexual donde podamos impulsar de manera más fácil y fluida nuestra visión hedonista para que realmente todos los asistentes vayan perdiendo el pudor y comiencen a desinhibirse en la pista”, fue una de las respuestas que recibí de parte del colectivo, quienes desde un inicio se han caracterizado por ofrecerle un espacio seguro a todas aquellas personas gays, lesbianas, transexuales o simplemente personas no binarias, logrando al mismo tiempo, educarlxs sobre por qué la cultura queer ha sido uno de los elementos más vitales cuando se habla sobre la historia de la música electrónica.  

 

 

Ilustración de Eduardo sobre la primera fiesta del colectivo con Leeon, Double Penetration, DJ Femboy, acompañada por visuales de VJ Huntertexas.

 

Dentro de su filosofía como colectivo, BULTO halló la forma de brindarle seguridad y libertad a la gente en la pista de baile, teniendo unas reglas básicas en las cuales se incentiva el respeto, aclarando que, aunque la fiesta es un espacio seguro, no puede haber homofobia, transfobia, machismo, racismo, clasismo o agresividad, aprendiendo a respetar el espacio personal del otrx y evitar el acoso y haciendo énfasis, además, de que es una fiesta en la cual no se pueden realizar fotos y videos para proteger y disfrutar lo que pasa en sus fiestas.

 

Con una filosofía bastante clara, el colectivo de forma magistral empezó a crear un lenguaje visual sobre sus eventos y retratar cada una de estas por medio de algunxs ilustradores de la región para situar a aquellxs que no podían asistir a sus encuentros, pero estaban ansiosos de saber cómo fue y qué pasaba allí.

 

ANALVERSARIO: EL REFLEJO DE UN CONSTANTE TRABAJO 

 

La gente dice que uno no debe romantizar las fiestas, pero, así como en la vida existen momentos determinantes donde todo parece ser irreal, para la música también existen estos momentos. Y si para muchos la música es proporcional a la vida misma, así también existen eventos disruptivos y generacionales que marcan un antes y un después para toda la vida. BULTO y su grandioso ‘analversario’ responde a lo dicho anteriormente. Lo malo en este punto es que no se puede mencionar todo. Pero para entender un poco cómo es estar en una fiesta de BULTO, aquí una perspectiva de por qué sí o sí debés ir a algún evento realizado por el colectivo.

 

 

Ilustración de El chico sin cabello de pan

 

Son las diez de la noche y Bogotá (como cosa rara) mantiene un clima frío y nublado, siendo un elemento vital para ocultar la piel con mucha ropa y evitar el frío de la ciudad, pero para lxs asistentes al ‘analversario’, no importa el clima. ¿La razón? Pues rara vez uno tiene la oportunidad de salir a la calle de forma fetichista o con poca ropa, generando interés en otras personas por saber a qué clase de lugar va una persona mostrando su cuerpo de forma tan segura y liberal. Estoy afuera de Video Club, el lugar donde Randy en B2B con Leeon + Double Penetration estarán compartiendo cabina con MCMLXXXV y CEM, dos de los integrantes de Herrensauna que, a decir verdad, si no hubiera sido por BULTO, Colombia tendría que haber esperado varios años más para verlos por el país. Pero como dicen por ahí, existen artistas que en definitiva están destinados a visitar nuestra región con un colectivo en específico.

 

La fila es larga. Al lado izquierdo están las personas que tienen su entrada asegurada y en el costado derecho lxs que aguardan por tener la oportunidad de entrar a la fiesta. Nos ubicamos en la fila del lado izquierdo para ingresar y notó a mi alrededor personas que exhiben su atuendo fetichista sin importar el clima. Las mujeres se notan seguras y cero incómodas dejando que un látex, varias cadenas o un simple vestido, las haga verse tranquilas sin el acoso de una mirada masculina. Los hombres también se ven cómodos, algunos con su mejor pinta fetichista y otros de forma normal. Mientras observo a más de unx ansiosx por entrar al club y buscar los armarios para quitarse la ropa y entregarse a la experiencia del colectivo, comprendo la libertad que BULTO le ha entregado a la ciudad y podría decir que al país. Para nadie es un secreto que, dentro de la música electrónica colombiana, es poco común ver a las personas quitarse la ropa o utilizar un outfit “diferente” y fetichista para asistir a un evento y no sentirte como el punto negro de la fiesta. Sí, ha sucedido que algunas personas se quitan una prenda gracias a la emoción de la fiesta, pero siempre terminan siendo hombres. Porque claro, al ser una mujer todos van a querer mirarla, incomodarla y creerse dioses para ir a coquetear. Pero de entrada noto que es algo normal para las demás personas. Seguramente porque todxs saben en qué clase de espacio están y cómo BULTO, más allá de ofrecer libertad, se ha encargado de difundir su filosofía de respeto, seguridad, solidaridad, amor y un poderoso y emocionante ambiente de no cohibirse al momento de bailar y de reportar momentos de acoso y homofobia. 

 

En BULTO es importante liberarse, pero más allá de eso, primero debe existir seguridad en el entorno para no sentirse observadx e incómodx. | Ilustración por El chico sin cabello de pan

 

Muchxs queríamos entrar al club para sentir ese lado secreto y underground, donde no importa la raza ni la sexualidad. Yo, al igual que otras personas, estaba ahí por primera vez y es en ese momento donde recuerdo las veces que hablaba con el colectivo, teniendo la esperanza de ver una fiesta de ellos en Medellín, pero sabía que primero querían establecerse bien en Bogotá para luego rodar por otras ciudades. Mi expectativa era entrar y vivir todo lo que ofrecía el club: comodidad con mi cuerpo al no sentirme mal por mostrar poca ropa o usar un outfit llamativo; respeto por no sentir miradas de acoso por el hecho de estar o no desnudo; mover el cuerpo desenfrenadamente y gritar sin incomodar y/o sentir miradas tipo: ¿este man qué? Y claro, entrar al cuarto oscuro y entender si de verdad podía haber respeto al no querer tener contacto con todo el mundo.

 

Finalmente entró al club y todo es oscuro como el sticker que le pegaron a mi celular en la parte trasera y frontal para disfrutar más la fiesta. Miro lo larga que es la fila para guardar la ropa, y decido quitármela en la entrada, dejando que mis amigos me hagan el favor de guardarla mientras sigo el calor de la fiesta que dice: ‘Esto está lleno y la gente se está moviendo mucho. Todos están chocando sus cuerpos, tanto así que sus hormonas me han creado para generar calor. Ellos quieren seguir moviéndose, por eso gritan y levantan las manos eufóricamente. No les importa nada, solo quieren bailar’. 

 

Llego a la pista de baile y la gente está a mil, no les importa qué pasa a su lado. Veo muchas manos levantadas, escuchó gritos y noto cómo las personas caminan y disfrutan el momento como si de verdad tuvieran ropa. En este momento, pienso en lo feliz que serían otras ciudades al tener espacios como este. Olvido eso y me encamino a encontrar un recóndito espacio en el cual me pueda mover sin estar apretado, pero también ver al DJ. Ahí está, me ubico al lado del DJ booth notando que es la cuarta vez que visito Video Club y que también es la primera vez donde veo el sitio tan repleto y con tanto sudor. 

 

 

 Ilustración por El chico sin cabello de pan

 

Luego de alzar la mirada, ubicar al DJ y escuchar silbidos y frases tipo “¡Eso jueputa! ¡Wow¡” o “Eso las neas”, pienso en dos cosas:

 

1. Bogotá ha cambiado. En realidad, colectivos como Putivuelta, con su propuesta queer de géneros sin fronteras e Íntimas, fiestas programadas por DJ Hermano, más las charlas y talleres de Pez Alado sobre seguridad, inclusión y feminismo en la pista de baile, o los encuentros de cultura ballroom y voguing de House Of Tupamaras, entre otrxs, han cambiado a la capital. Gracias a ellxs y BULTO, dentro de la fiesta la vida es otra. Pareciera como si la ciudad hubiera respirado un nuevo tipo de vida, donde la estructura arquitectónica del club ha evolucionado y las fiestas se han vuelto más pesadas, brindándole a la gente un aire de libertad y música que, diez años atrás, era imposible vivirlo, pero menos mal siempre están surgiendo nuevos colectivos y proyectos que se cansan de lo monótono que puede llegar a ser la escena, dándole una experiencia palpable y contradiciendo lo que representaba una escena que, aunque palpitaba, se estaba pudriendo lentamente en propuestas recicladas y un sonido homogéneo que no proponía algo nuevo.

 

La frescura con la cual aparece el colectivo, demuestra que Bogotá sí puede avanzar, dejando a un lado los filtros creados por varios clubes y discotecas de la capital, donde se le niega la entrada a la gente por ser como es. Gracias al colectivo, la gente puede creer que en Bogotá sí se puede ir más allá de los límites establecidos por las diferentes organizaciones musicales que aún no se atreven a sobrepasarse a sí mismas y experimentar en nuevos territorios melódicos, distintos espacios, atmósferas y ambientes.

 

2. Ver amigxs quitarse la ropa cuando su plan no era ir en modo fetichista y sin embargo se sentían segurxs y alegres mientras el calor aumentaba y la gente alrededor expresaba frases como: “Qué chimba esto”, notando cómo otrxs aplaudían, saltaban, gritaban, silbaban y seguían aplaudiendo, me hizo recordar Cruising y la escena en la cual Al Pacino entra a un club gay y termina siendo contagiado por la energía de la fiesta, dejando de lado sus prejuicios y que está en una misión encubierta.

 

https://www.youtube.com/watch?v=jR7y7g8h1y4

 

Ver esa escena en mi mente y cómo la gente se expresaba de una forma tan libre, era un mensaje claro para quienes seguían moviendo su cadera de lado a lado, tratando de cogerle el ritmo a una línea estrambótico con mezclas de trance y un techno industrial. El calor no paraba de aumentar. Yo seguía bailando y no me importaba cuánto llevaba tocando cada DJ, solo me entregaba a la música y por momentos me iba a conocer cómo había cambiado el club bajo el nombre de BULTO. Claramente, la fiesta había agotado sus entradas y eso lo demostraron el día que habilitaron la venta de boletería agotando todas las etapas.

 

 

Ilustración por El chico sin cabello de pan

 

Noto que la gente grita más, que el calor cada vez avanza más y que mis poros, mis pupilas y mis glándulas se contraen (y seguro la de otrxs más). El sistema nervioso de mi piel se activa en un destello de energía neural. Una luz blanca situada en diferentes partes del club, ilumina al público que disfruta el sudor producido por la gente, por una cerveza en mano o por alguien que desea hidratarse, pero prefiere seguir bailando y gritando mientras el viento de mi abanico termina siendo usado por varias personas que no aguantan el calor. Luego empiezo a pensar en la velocidad en que la gente está bailando. Algunxs están más eufóricos, otros deciden ser más tranquilos, y yo, yo estoy ahí, analizando cada movimiento, cada palabra, cada subidón generado por el DJ, gritando y saltando como cuando Move llevó a DJ Stingray a Medellín y le dio una vuelta de 180° a la ciudad.

 

Decido hacer una pausa, ir por una cerveza y ubicarme en las escaleras y charlar con algunos amigxs sobre la fiesta. En ese momento empiezo a reconocer cómo un trance inducido por un golpe agudo con influencias de techno se empieza a mezclar con una voz femenina. Escuchó la primera nota vocal y pienso: ‘¿Este man cómo se atreve a poner esa canción? Imagino a la gente gritando, siendo abducida y queriendo saber el nombre de la canción o simplemente, descargando toda su energía en una sola pista. Yo también quiero ir a bailar, pero sigo hablando con mis amigxs, pensando en cómo la gente debe estar al oír “Kisloty People”, una canción que sin duda les recordará el analversario. Lo triste es cuando se den cuenta que es de Schacke, uno de los artistas invitados por el colectivo a su anterior fiesta y al cual no pudieron escuchar (o sí).

 

https://www.youtube.com/watch?v=HGYjQPeWvDk

 

Ha pasado mucho tiempo y la fiesta sigue avanzando. Parecen ser las 3 de la mañana. Mentiras, creo que eran las 4 o 5 de la mañana. La verdad no importa. De forma sensual empiezo a escuchar una pista que muchxs hemos oído, bailado y que cuando suena en el momento adecuado, nos cambia drásticamente (obvio para bien). Mi corazón se acelera, empieza a latir más y más fuerte. Veo cómo la gente empieza a saltar desenfrenadamente y noto miradas tipo: ‘Marica, esto no puede estar pasando (?)’. Yo, al igual que otrxs, busco a mis amigxs y les digo: Jueputa, ¿en serio esta poniendo esta canción? Comienzo a gritar, estirar mis manos hasta más no poder. Analizo el momento, veo sonrisas por todxs lados, saco un paquete de gomitas para saber que esto es real y compartirle a las personas que están a mi lado. 

 

Aunque la canción la han puesto mucho y la he escuchado por varixs DJs, pienso sobre las historias que me han contado algunxs amigxs cuando visitaron el mítico club Berghain, donde han sido diferentes experiencias, pero siempre terminan con la frase de: ‘Parce, usted tiene que ir a allá algún día. Usted se va morir de la felicidad. Usted no va querer salir. Yo le cuento todo, pero en verdad, tiene que vivirlo’. Estas mismas frases definen a BULTO, y no exagero.

 

https://www.youtube.com/watch?v=6iKFn8dlxX8  

 

Se acaba la canción y entiendo que, aunque a lo largo de la noche sonaron mejores pistas y hubo más momentos épicos (como la repartición de frutas y dulces), sonrío por estar en un lugar cargado de tanto libertinaje, donde cada quién sabe qué puede y no hacer sin incomodar a otrxs. Y claro, pienso una vez más en lo feliz que serían el resto de ciudades al tener más espacios y experiencias como lo ha hecho BULTO. 





 

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LA FIESTA SERÁ FEMINISTA